Mansión de Marza'Ih

"Un día fui a la santa presencia de la Bendita Belleza y le dije: "El palacio de Mazra'ih está listo para recibirte y un coche para llevarte". (En aquel tiempo no había coches en 'Akká ni en Haifa.) Él se negó a ir, diciendo: "Soy un prisionero". Más tarde le rogué de nuevo, pero obtuve la misma respuesta. Me animé a rogarle por tercera vez, pero de nuevo Él dijo "¡No!", y yo no me atreví a insistir más. Había entonces en 'Akká cierto Shaykh musulmán, hombre muy conocido y de considerable influencia, que amaba a Bahá'u'lláh y que era, a su vez, muy apreciado por Él. Visité a este Shaykh para explicarle la situación y le dije: "Tú eres intrépido. Ve esta noche ante Su santa presencia, cae de rodillas ante Él, tómale las manos y no lo dejes hasta que te prometa dejar la ciudad". El Shaykh era árabe... Fue directamente hasta Bahá'u'lláh y se sentó junto a Sus rodillas. Cogió Sus manos y después de besarlas le preguntó: "¿Por qué no dejas la ciudad?" Él respondió: "Soy un prisionero". El Shaykh replicó: "¡Dios no lo permita! ¿Quién tiene el poder de hacerte prisionero? Tú Te has puesto a Ti mismo en prisión. Era Tu propia voluntad ser apresado, y ahora Te ruego que salgas y vayas al palacio. ¡Es bello y florido, los árboles son preciosos y las naranjas como bolas de fuego!" Cada vez que la Bendita Belleza decía: "Soy un prisionero, no puede ser", el Shaykh tomaba Sus manos y las besaba. Una hora siguió implorando. Al fin, Bahá'u'lláh dijo: "Khaylí khub" (Muy bien), y así premió la paciencia y persistencia del Shaykh. Éste vino a mí con gran gozo a darme la feliz noticia de que Su Santidad consentía. A pesar de una estricta orden de 'Abdu'l-Azíz que prohibía que yo tuviese reunión o comunicación con la Bendita Perfección, al día siguiente preparé el coche y llevé a Bahá'u'lláh al palacio. Nadie hizo objeción. Lo dejé en el palacio y yo regresé a la ciudad."

Abdu'l-Bahá

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