Adrianopolis
(Edirne)

"Las circunstancias en que se dieron lugar el destierro de Bahá'u'lláh fueron trágicas y al mismo tiempo humillantes. Las autoridades no dieron tiempo suficiente a que Bahá'u'lláh y Su comitiva se aprestaran para lo que era una travesía larga y peligrosa.

 

El tiempo era inusualmente frío, muchos ríos estaban congelados. Incluso para abastecerse de agua se hacía necesario prender una hoguera con la que derretir el hielo. Los miembros de la comitiva, entre los que se incluían mujeres y niños, carecían de la indumentaria oportuna, a pesar de lo cual algunos se vieron forzados a montar en carruajes normalmente destinados al transporte de mercaderías, en tanto que otros debieron de montar sobre acémilas. Shoghi Effendi escribe al respecto:

 

"Abriendose paso entre la lluvia y la ventisca, a veces incluso realizando marchas nocturnas, los fatigados viajeros, tras realizar breves paradas en Kúchik-Chakmachih, Búyúk-Chakmanchi, Slavarí, Birkás y Bábá-Iskí, llegaron a su destino el primer dia de Rajab 1280 d.h. [12 de deciembre, 1863], y se alojaron en el Khán-i-Arab, un caravasar de dos pisos, próximo a la casa de 'Izzat-Áqa. Al cabo de tres dias, Bahá'u'lláh y Su familia fueron asignados a una casa apropiada tan sólo como residencia de verano, en el barrio de Murádíyyih, cerca de Takyiy-i-Mawlaví, y, pasada una semana, hubieron de mudarse de nuevo a otra casa, en las inmediaciones de una mezquita del mismo vecindario. Unos seis meses después se trasladaron a una residencia más espaciosa, conocida como la casa de Amru'lláh [Casa del mandamiento de Dios]. situada en el flanco norte de la mezquita del Sultán Salím"

 

Las dos casas del barrio de Murádíyyih han quedado arrasadas por completo...

 

No hubo de transcurrir mucho tiempo desde la llegada de Bahá'u'lláh a Adrianópolis para que la población se apercibiese de Su grandeza y quedase grandemente impresionada por Su amor auténtico y carácter exaltado. Las autoridades, incluyendo el Gobernador de la ciudad y otros altos funcionarios, así como hombres de cultura y saber que acudieron a Su lado pronto descubrieron que era una fuente de toda suerte de conocimiento y un dechado de virtudes. Algunos buscaron abiertamente Su presencia, se sentaron a Sus pies y recibieron iluminación espiritual de Su persona. Tales eran las muestras de honor y estima que Le fueron dispensadas a Bahá'u'lláh que, cuando recorría las calles y bazares, las gentes se ponían de pie e inclinaban espontáneamente a Su paso. La veneración que sentían hacia Su persona era profunda y entrañable. Los lugareños solían referirse a Él como, Shaykh Effendi, designación que por aquel entonces acreditaba gran prestigio."

 

Adib Taherzadeh - Revelación de Bahá'u'lláh Vol.2